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Cosas que me hacían feliz y quiero que vuelvan

Prefiero enumerar (por esa manía de mi mente organizada y loca) cosas que me hacían feliz y no sé porque dejé de hacer, en plan conjuro para que vuelvan a mi vida.

  1. Voy a empezar con una que no necesita ningún tipo de explicación excepto esta imagen;saltando charco
  2. El IRC o el chateo hasta altas horas de la madrugada con gente que no veo casi nunca pero que llegué a sentir muy cerca.
    chat grupo
  3. Hablar por teléfono con Aliena Mola hasta agotar las batería de los dos inalámbricostelefonos
  4. Teatro. Teatro, teatrito, teatrote… quiero actuar otra vez.
  5. Escribir sin más, por el mero placer de hacerlo. Me he dado cuenta de que hace un tiempo que lo hago por cumplir.
  6. Las meriendas LuZérnicas. Ni recuerdo cuanto hace de la última.
  7. Ir con mi castiguito de Lady Laura a probarnos mil modelitos pero sin comprar ni un pañuelo.
  8. Patinar, como me gustaba… ¿en que momento lo dejé?

patines


  Ya veis, hay quien a primeros de año decide escribir una serie de propósitos.  Yo prefiero llevar la contraria, como siempre.

PD: Hay algo que no me aventuraba a escribir pero… de perdidos al río! Lo dejo en imágenes y a buen entendedor jajajajajaja


 No recordaba su voz.

Estaba leyendo anoche un libro en el que la protagonista tres años después seguía recordando la voz de alguien que no estaba ya a su lado. Entonces me di cuenta de que hacía muchos años que no era capaz de recordar su voz.

Me puse desesperadamente a tratar de buscar en mi memoria un recuerdo sonoro de ella.

No tengo ningún problema, (pese a que han pasado 15 años y no tengo en mi casa ninguna foto suya) para recordar las arrugas de su rostro, su manera de andar, la inclinación de sus hombros, el perfil de su cuerpo, las manchas de la piel de sus manos, sus dedos de huesos largos… Recuerdo su olor, el olor de su casa, los ruidos más insignificantes que había, el golpeteo de la cortina de canutillos sobre el bajo metálico de la puerta de la cocina, el chas chas del sacudidor, el golpe de la lata de tomates en el cubo cuando regaba sus geranios… Pero no era capaz de oír su voz.

Yo que nunca lloro cuando se debe, me empecé a ahogar con ese dolor de garganta, cada vez más fuerte, que te da cuando no quieres hacerlo pero no hay quién contenga las lágrimas. Porque recuerdo muchas de las cosas que me decía pero no era capaz de recordarlo tal y como ella lo dijo.

Cuando aflojé el nudo, después de un minuto de llanto absurdo, dejé de buscar frases en mi memoria y me vi sentada junto al teléfono de rueda rojo mirando como mi abuela cantaba sentada en el sofá de skay “sonriendo has dicho mi nombre”…

¡¡Claro que recuerdo su voz!!

¿Como voy a dejar de hacerlo nunca? Si en mi vida el amor solo tiene la forma del regazo de mi abuela y los ojos verdes de mi Che.